El que una de las jóvenes más bellas del mundo, laureada en las Universidades de Oxford y de Harvard, recién cumplidos sus 25 años se hubiera convertido en la más poderosa líder democrática de su patria, Pakistán, y pocos años después, en la primera mujer electa para el cargo de Jefe del Gobierno en un país islámico, ha hecho que Benazir Bhutto se destaque como una de las más importantes líderes del género femenino en las últimas dos décadas de este siglo XX.

Mientras Pakistán cuente con dirigentes como ella, su futuro es más promisorio

Invitado por la Academia de Letras de Pakistán, asistí, junto con los profesores Rafael Angel Herra y Amalia Chaverri a una “Conferencia Internacional de Intelectuales y Escritores” celebrada en Islamabad el año pasado.

La primera ministra, Benazir Bhutto, inauguró la Conferencia. Tuvimos así la oportunidad de escuchar y aplaudir una de las piezas oratorias más hermosas, de más profundo y combativo sentido democrático, que se pueda escuchar en cualquier parte del globo, donde la sin par Benazir demostró por qué se la considera la más elocuente de los líderes políticos del Asia.

Tras coronar sus estudios académicos en Estados Unidos y en Inglaterra, Benazir regresó a su patria para incorporarse a la lucha por la libertad política y el progreso social de Pakistán, sometido tradicionalmente a dictaduras militares y a la intransigencia de los fundamentalistas mahometanos. Excepcionalmente gobernaba entonces Pakistán el primer líder democrático electo libremente por su pueblo, tras veinte años de duro batallar. Ese gobernante era nada menos que Zulfikar Ali Bhutto, padre de Benazir y fundador del Partido Popular Paquistaní (PPP), quien estaba empeñado en modernizar su nación, y en luchar porque su pueblo saliera de la miseria a que lo tenían sometido los señores feudales y sus aliados, los clérigos fundamentalistas mahometanos.

En 1977 el ejército paquistaní, dirigido por el general Zia Ulhac derrocó al popular presidente Bhutto, lo encarceló junto con su esposa, sus hijos y los principales dirigentes del PPP, e inició un proceso contra Sulfikar que terminó con la condena a muerte en la horca del Presidente mártir.

En junio de 1978, con ocasión del vigésimo quinto cumpleaños de Benazir, el presidente Bhutto le escribió, desde su celda de condenado a muerte, una conmovedora carta que hoy se cataloga entre los más importantes documentos de la historia paquistaní. Y en uno de los pasajes más patéticos, y al mismo tiempo más proféticos de su histórica carta, le decía ZULFIKAR a su queridísima hija Benazir : “¿Cómo puede un preso condenado a muerte escribir una carta de cumpleaños a una bella y brillante hija que lucha por la vida de su padre, estando ella misma encarcelada?”

“La vida es una aventura amorosa. Es un romance con cada una de las bellezas de la naturaleza. No tengo duda en afirmar que mi más apasionada aventura amorosa ha sido con mi pueblo. Existe un indisoluble matrimonio entre la política y los ciudadanos. Es por ello que “el hombre es un animal político” y el Estado es su teatro. Yo he permanecido en el centro del escenario de ese teatro por más de veinte tumultuosos años. Y creo que todavía tengo un papel que representar. Creo que el pueblo continúa queriendo verme en el escenario. Pero si tengo que desaparecer, te doy a ti el regalo de mis sentimientos. Tu sabrás dar la lucha mejor que yo. Tus discursos serán más elocuentes que los míos. Tu dedicación será igualmente total. Habrá más vitalidad en tu batallar. Tus decisiones serán más atrevidas. Yo te trasmito las bendiciones de la misión más bendita. Y este es el único regalo que puedo darte en tu cumpleaños.”

El presidente Bhutto fue cruelmente ejecutado en la horca por Zia y sus carceleros. Y Benazir permaneció cinco años como prisionera. Sabiéndola enferma y creyéndola ya vencida, el dictador la exilió a Londres en 1984. Pero Benazir no cejó ni un día en su lucha por reivindicar la memoria de su padre y por cumplir la misión que este le había encomendado.

En 1986 regresó Benazir a Pakistán para ser recibida con las más tumultuosas manifestaciones de apoyo de toda la historia de su país. Y una vez muerto el dictador Zia con todos los principales generales de su ejército en un misterioso accidente de aviación, ocurrido en agosto de 1988, los nuevos gobernantes de facto no se atrevieron a desoír por más tiempo el clamor popular levantado por el verbo elocuentísimo de Benazir, reclamando elecciones libres. Las elecciones se realizan en noviembre de 1988, y el PPP resultó vencedor, pese a los fraudes de la gobernante Liga Islámica. Como primera ministra Benazir formó gobierno en diciembre de 1988, reiniciando de inmediato la tarea reformista de su padre. En 1990 la Liga Islámica y los militares forzaron la caída del gobierno de Benazir. Pero ella no cedió en su heroica lucha. Recorrió incesantemente su país levantando los ánimos de su pueblo en tal forma que, en 1993 el gobierno de facto decidió realizar nuevas elecciones en las que el PPP volvió a triunfar, y Benazir asumió otra vez la jefatura de Gobierno, donde continúa ahora su lucha por asegurar la democratización de Pakistán.

En el acto de inauguración de la Conferencia Internacional de Intelectuales y Escritores, a la que asistimos más de 500 delegados de todos los países del mundo, tuve la satisfacción de volver a ver y a escuchar a esa extraordinaria mujer que es la Primer Ministra, a quien había tenido el privilegio de conocer desde veinte años antes. Benazir sintetizó el sentido de la magna reunión con párrafos como estos, que traduzco libremente del excelente inglés en que ella pronunció su discurso:

“No es necesario disminuir la excelencia y la perfección de las otras manifestaciones del arte, para proclamar que la literatura ha sido siempre la más directa articulación de la condición humana. Es el don del lenguaje, del discurso oral y escrito el que hace la historia de la literatura el espejo más excelente de la civilización humana.”

El calor del discurso y el tono elocuente de la impecable exposición de Benazir asumió una fuerza impresionante cuando, en su parte final, hizo referencia concreta a la situación política de Pakistán: “Todavía ahora las fuerzas de la tiranía están empeñadas en minar la democracia en nuestro país. Ellos hablan de ‘un cambio de sistema’, no de un cambio de gobierno. Proclaman que todos los gobiernos democráticos son la misma cosa. Y por ello sostienen que la única solución a nuestros problemas está en lo que ellos llaman La revolución Islámica. De hecho el pueblo de Pakistán ya ha experimentado lo que es la llamada ‘Revolución Islámica’, cuando el nombre prístino de Dios fue cínicamente explotado por una banda de clérigos que trataron de presentarse como los más piadosos entre los piadosos…”

Después de oír y admirar el discurso de Benazir, se fortaleció mi esperanza de que, mientras Pakistán cuente con una líder como ella, tendrá grandes oportunidades de ir resolviendo sus inmensos problemas, de acelerar su desarrollo y de convertirse en uno de los pilares de la democracia en el mundo asiático.