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El impedimento de disparidad de cultos es regulado en el canon 1086, siguiendo las huellas del M.P. Matrimonia mixta del 31 de marzo de 1970, que en su número 2 señalaba; “el matrimonio celebrado entre dos personas, una de las cuales haya sido bautizada en la Iglesia Católica, o haya sido recibida en ella, y la otra no esté bautizada, es inválido si se celebra sin previa dispensa del Ordinario del lugar”.

Los requisitos de este impedimento se deducen con claridad del C 1086. Distinguiendo entre los que afectan a la parte católica y a la no católica. Pueden sintetizarse así:

1.- Parte católica:

a) Puede serlo por haber sido bautizada válidamente en la Iglesia católica (CC. 849 y ss.; Instructio de bautismo parvulorum, de 20 de oct. De 1980; si surgen dudas ecerca de la validez del bautismo habrá de actuar según los CC 845 y 869); o bien por haber sido recibida en ella proveniente de otra confesión cristiana no en plena comunión con la Iglesia católica.

El código anterior exigía abjuración, ante el Ordinario o dos testigos, de los apóstatas, herejes o cismáticos. Pero un documento de la Santa Sede (14 de mayo de 67), el Directorio Ad totam Ecclesiam, señaló en su número 19, que estas prescripciones “solamente se aplican a aquellos que, después de haberse separado culpablemente de la fe y comunión católica, piden arrepentidos ser reconciliados con la madre Iglesia”. La disciplina establecida en el código señala, en efecto, la pena de excomunión latae sententiae para los apóstatas, herejes y cismáticos (C 1364; para la noción de herejía, apostasía y cisma: C 751); pero no han de ser considerados como tales “los hermanos nacidos y bautizados fuera de la comunión visible con la Iglesia católica…” (Ad totam Ecclesiam, n.19)

b) En el canon 1086 se añade una cláusula que no constaba en el código de 1917; “ y (la parte católica) no se ha apartado de ella (la Iglesia católica) por acto formal”. Con ello se reduce el ámbito de aplicación de este impedimento respecto de la disciplina anterior, aunque esta excepción puede ofrecer no pocas dificultades de interpretación para determinar con precisión qué debe entenderse por “acto formal” de separación y cuándo se ha producido, aparte  los casos de apostasía, herejía, cisma, a los que ya se ha aludido, y que, en principio, son los únicos en los que cabría hablar de la existencia de ese “acto formal” de separación. (en conexión con este tema ver CC 1071-1,4º y 1117).

2.- Parte no católica: Se requiere que no esté bautizada válidamente, o bien porque no ha sido nunca bautizada, o bien porque el bautismo ha sido inválido.

Pese a que algunos propusieron suprimir la norma contenida en el parágrafo 3 del C. 1086, por coincidir con el principio general del “favor del derecho” al matrimonio, sin embargo, el legislador la ha mantenido como un criterio práctico aplicable en este caso concreto  de duda sobre la existencia del impedimento.

En cuanto a la posibilidad de dispensa se menciona expresamente con remisión a los cánones 1125 y 1126, que recogen las prescripciones del Motu propio Matrimonia mixta.

La dispensa corresponde al Ordinario del lugar (no está reservada por el C. 1078), pero no puede concederla si no se cumplen las condiciones del C.1125. También habrá de tenerse en cuenta lo establecido en el C.1126 relativo a la competencia concreta de las Conferencias Episcopales.

Por otra parte, Juan Pablo II, en la Exhort. Ap. Familiares consortio, proporciona precisas orientaciones para el tratamiento pastoral de este tipo de matrimonios, ya contraídos, con la correspondiente dispensa: “en varias partes del mundo, decía, se asiste hoy al aumento del número de matrimonios entre católicos y no bautizados. En muchos de ellos, el cónyuge no bautizado profesa otra religión, y sus convicciones deben ser tratadas con respeto, de acuerdo con los principios de la Declaración Nostra aetate del Concilio Ecuménico Vaticano II sobre las relaciones con las religiones no cristianas; en no pocos otros casos, las personas no bautizadas no profesan religión alguna. Para esos matrimonios es necesario que las Conferencias Episcopales y cada uno de los Obispos tomen adecuadas medidas pastorales, encaminadas a garantizar la defensa de la fe del cónyuge católico y la tutela del libre ejercicio de ella, sobre todo en los que se refiere al deber de hacer todo lo posible para que los hijos sean bautizados y educados católicamente. El cónyuge católico debe además ser ayudado con todos los medios en su obligación de dar, dentro de la familia, un testimonio genuino de fe y vida católica” (No.78)

 

DERECHO MATRIMONIAL

IMPEDIMENTOS EN PARTICULAR

DISPARIDAD DE CULTOS.

Prof. Juan Fornés

(Manual de Derecho Canónico. EUNSA)

 

 

 


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Luis Lozano es Abogado Matrimonialista,especialista en derecho matrimonial, asesor y consultor en materia matrimonial }

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