Hace 20 años, Michael Jordan retornaba de su primer retiro del baloncesto para retomar su carrera y los éxitos con los Chicago Bulls.

En terreno enemigo. En la cancha de una de sus víctimas favoritas. En el parquet donde Reggie Miller y sus compañeros acumulaban frustraciones por su culpa. Ese fue el escenario que eligió Michael Jeffrey Jordan, hace exactamente 20 años, para volver al rectágulo de 28 por 15 metros, y revolucionar el deporte que cambió de modo definitivo y a nivel global. El 19 de marzo de 1995, en Indianápolis, el presentador de los Pacers entregaba la alineación de los visitantes Chicago Bulls y, tras introducir a Scottie Pippen, Toni Kukoc, Will Purdue y BJ Armstrong presentaba, con la camiseta número 45, a “Su Aireza”. Tras 529 días, MJ retornaba a la NBA.

“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces han confiado en mí para tomar el tiro que ganaba el partido y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi vida y es por eso que tengo éxito”.

Apenas un día antes, en un comunicado de sólo dos palabras, Jordan anunciaba su retorno: “I’m back” (“he vuelto”) era el simple, pero concreto, texto en el que el mejor jugador de la historia del básquetbol cerraba el paréntesis iniciado el 6 de octubre de 1993, cuando con apenas 30 años y medio dejaba la actividad profesional, luego de sumar tres títulos con los Bulls e igual cantidad de premios al Jugador Más Valioso.

En su retorno a la básquet, temporada y media después del retiro, “Air” no pudo volver a celebrar ante los Pacers. Esa noche, los Bulls cayeron por 103-96, en tiempo suplementario. Jordan aportó 19 puntos, luego de acertar 7 de 28 tiros de campos, y 5 de los 6 tiros libres que ejecutó. Pippen fue el goleador para su causa. Pero, de cualquier modo, y pese a que más de alguien sintió que MJ no era el mismo, más allá de su número de camiseta, el más grande calentaba motores para volver por sus fueros.

Durante el año, cinco meses y 13 días que duró su inesperado alejamiento del baloncesto, Jordan no dejó el deporte. Se dedicó a cumplir uno de los sueños de su padre.

Si bien al momento de decidir dejar la NBA comentó que no disfrutaba jugar como antes, y que tras conseguir su segunda medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona (con el recordado “Dream Team”) sus cercanos reconocían cierta falta de motivación, la muerte de su padre, en extrañas circunstancias, gatilló el anuncio del 6 de octubre de 1993. El 23 de julio de ese mismo año, James Jordan era asesinado en un área de descanso de una carretera en Lumberton, North Carolina, por Daniel Green y Larry Martin Demery, quienes robaron además el auto Lexus que Mike le había regalado a su padre. Todo indica que el crimen tuvo relación con deudas de apuestas, en las que se vinculó tangencialmente a la propia estrella de los Bulls.

Mientras Green y Demery eran sentenciados a cadena perpetua, la tragedia gatilló en “Air” la intención de cumplir una de las cosas que el viejo James ansiaba, y que era ver a su hijo convertido en beisbolista profesional.

El anuncio de retiro de MJ fue noticia mundial. El deportista, en paralelo, preparaba su desembarco en las Ligas Mayores.

Aprovechando que los Chicago White Sox también eran propiedad del dueño de los Bulls, Jerry Reinsdorf, Jordan encontró terreno propicio para cumplir la promesa que le había hecho a James. Sorprendió a todos firmando contrato con el equipo de la Liga Americana de la Ciudad de los Vientos.

Entrenó todo el verano septentrional y, el 31 de marzo de 1994, fue asignado al equipo, en el que le respetaban el contrato -y su jugoso sueldo- que tenía en la NBA.

Tras apenas 17 partidos, usando la camiseta 45, Jordan fue bajado al equipo de ligas menores de los White Sox, los Birmingham Barons, donde tampoco brilló.

Acumulando frustraciones, era cosa de tiempo para que colgara el bate y descolgara las zapatillas caña alta.

Y así fue. El retiro del básquet le duró 529 días. Volvió a los Bulls. A “sus” Bulls. Lo hizo manteniendo el 45 en la espalda, en vez de su ya clásico 23, debido a que el quinteto había retirado la camiseta con el dorsal de Jordan. Un 19 de marzo de 1995, “Su Aireza”, hacía su reestreno. Esa noche no brilló. Pero pocos días después le haría 55 puntos a los New York Knicks, otra de sus víctimas favoritas, en el mismísimo Madison Square Garden. Y, en abril, Chicago ganaría nueve de los diez partidos que jugó.

Esa temporada, Jordan y los Bulls no fueron campeones. Caerían en semifinales de la Conferencia Este ante los Orlando Magic. Sin embargo, esa frustración hizo que el 23 (a esas alturas, ya había recuperado su número de siempre) entrenara en el off season como nunca, y así fue como lideró a su equipo a otro tricampeonato de la NBA.

Hace 20 años, Michael Jordan volvía a revolucionar el básquetbol mundial. Hacía su reingreso en gloria y majestad, más allá de la eventual derrota ante los Pacers en Indianápolis. Pronto, volvería a echarse talco en las manos para mejorar su adherencia con el balón, acercarse hasta la mesa de control del United Center, y aplaudirle en la cara a Johnny “Red” Kerr, comentarista de los Bulls, en un rito-cábala-broma que era una de las marcas registradas del jugador más grande de la historia. Como su lengua afuera. Como su capacidad de saltar más que nadie, o de mantenerse en el aire como si fuera aerotransportado. Como su condición de ganador inmisericorde. Como su talento para definir partidos. Como su genio para ejecutar con éxito el último y definitorio lanzamiento.

Hace 20 años, el básquet estaba de fiesta. “Su Aireza” reaparecía. Con otro número, pero con el talento y genialidad de siempre.

Fuente:

La Tercera

URL:

http://www.latercera.com/noticia/la-vuelta-de-michael-jordan-el-dia-que-el-basquetbol-volvio-a-estar-de-fiest/