Antes que Green Pace y que Nelson Mandela, la Iglesia ha proclamado el respeto a la naturaleza, porque es Creación de Dios y a la dignidad absoluta de toda persona humana, porque está llamada a ser hija de Dios. No tengan ustedes la menor duda de que la Iglesia pudiera reclamar para sí la paternidad de los movimientos ecologistas y de derechos humanos.

Queridos jóvenes, es un honor para mí poder dirigirme a ustedes desde aquí, esta universidad tan querida. A ustedes, estudiantes de ciencias jurídicas, en el entorno de este primer Congreso Internacional de Derecho Canónico organizado por la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Nuevo León y la Universidad Panamericana. Gracias de verdad por la invitación y por recibirme en este recinto que me traslada con nostalgia a mis añoradas épocas de estudiante.

Uno de los grandes retos que enfrenta la Iglesia y la ciencia canónica hoy, de cara a todos ustedes, es el de enfrentar una extraña evolución del concepto de matrimonio. Evolución que va como de la especie al género, es decir, para la Iglesia, el matrimonio como realidad natural, aparece como una especie bien precisa del género de las relaciones interpersonales de amor, se trata de un tipo bien específico de relación de amor entre un hombre y una mujer y no cualquier tipo de relación. En cambio, para muchos de ustedes el matrimonio es un Tipo Legal, algo genérico, capaz de abarcar un sin número de especies relacionales a propósito de la sexualidad, cualquiera que sea su estructura, su propósito o su finalidad. Así las cosas, el intento de que ustedes entiendan el matrimonio y el consentimiento matrimonial como realidades naturales y su íntima relación con el amor humano se dificulta gravemente, pues si para muchos el matrimonio y el consentimiento son sólo inventos legislativos y no algo de orden natural, significa que no son nada específico, nada concreto. Y si no existe ninguna relación íntima entre amarse y casarse, el consentimiento que produce el matrimonio tampoco la tendrá. Es más, si para muchos, la boda en tanto ceremonia, es aquello que en definitiva causa el matrimonio, independientemente de la voluntad de los contrayentes, por este camino, se habrá abandonado ya por completo la antropología jurídica del canon 1057 y se habrán consagrado a las ceremonias y no al consentimiento verdadero como la causa eficiente del matrimonio. ¿Qué pasa, por dónde viene esta perversa evolución?

Todos ustedes son testigos de que hoy, como nunca antes en nuestra historia, se proclama el amor y la sexualidad, hoy, se habla de amor en todos los medios y se discute de sexo en todos los foros, jamás habíamos puesto tantos medios y tantos recursos en el tema del amor y la sexualidad, sin embargo, también hoy como nunca antes, el sexo les resulta algo muy fácil y en cambio el amor algo muy difícil. Si hemos invertido como sociedad tantos recursos en el tema del amor ¿por qué cada día fracasan más parejas, por qué suman cada vez más los desertores del amor conyugal? ¿por qué tanta soledad, abandono íntimo, hastío por la propia vida?  ¿será el  fracaso, la soledad y el desamor el destino natural de nuestra humanidad? ¿será que amar radicalmente fue algo del pasado que hoy ya no nos es posible? ¿estaremos en una nueva era cuya nota distintiva es el reduccionismo y el pesimismo antropológico, en donde la incapacidad de amar es el nuevo estándar de la naturaleza humana? Pero si cada uno de nosotros siente en su interior la nostalgia de amar y sobre todo el anhelo de ser enteramente amados y acogidos ¿no es esto algo contradictorio? ¿está hoy nuestra capacidad de amar en un callejón sin salida?

Quiero invitarlos a que levanten la sospecha con que quizás muchos han estigmatizado al matrimonio y se cuestionen si tal vez su concepción respecto del amor y la sexualidad se encuentra soportada en un gran error que los conducirá al precipicio. Tal vez el matrimonio es de verdad la mejor fórmula.

Ciertamente los medios de comunicación, el cine, la televisión, las revistas del corazón y hasta las leyes civiles, les ofrecen a ustedes, jóvenes, un sinfín de alternativas relacionales a propósito de su sexualidad, así; la unión de hecho, el concubinato, la promiscuidad, el free, el intercambio de parejas, el poli-amor, la hetero-flexibilidad, el Back Stage, los follamigos, incluso los extremos de la homosexualidad y el lesbianismo, y quizás dentro de poco se sume a este elenco la poligamia, el incesto y hasta el bestialismo; pero yo les pregunto ¿son éstas alternativas auténticos Derechos Naturales, son vías de verdadera realización humana y biográfica? ¿son opciones conformes con nuestra naturaleza? ¿Por el hecho de que junto al matrimonio, la libertad pueda optar por estas alternativas significa que dan lo mismo en términos de realización personal, de rentabilidad biográfica y existencial? ¿De verdad creen ustedes que da igual cualquier modo de amar?

En línea de principio me parece incuestionable que todos quieren y anhelan ser felices y que están dispuestos a derrochar sus energías vitales por conseguirlo, pero quiero advertirles que si equivocan el método, si sus sueños, expectativas y anhelos se están edificando sobre un subsuelo errático, sobre una concepción equivocada respecto de la persona, el sexo, el amor y el matrimonio, el fracaso existencial parece inevitable. Conviene recordar que toda práctica exitosa depende de una teoría verdadera, que no hay nada más útil que una buena teoría.

¿Cómo comunicarles hoy la verdad, la bondad y la belleza de la concepción canónica del amor sexual, del consentimiento matrimonial y del matrimonio? ¿Cómo ayudarles a avanzar más rápido hacia el suelo firme de un Derecho Natural Personalista? ¿Cómo llevar a la cordura a un orden jurídico secular que parece haberse vuelto loco?