Aún recuerdo aquella ocasión cuando escuché por primera vez a una de las bandas que cambiaría mi vida en todos los sentidos. Iba en la secundaria, tenía 13 o 14 años cuando mucho. Me encontraba limpiando un armario cuando, para mi sorpresa, encontré una caja repleta de vinilos y casetes.

Muchos de los rostros que me miraban desde sus portadas eran desconocidos para mi, pero hubo uno que me atrajo como la miel a las abejas. Aunque un tanto borroso, se podía leer en la carátula: Abbey Road. Inmediatamente supe que tenía que escucharlo –fue casi una conexión mística–, así que dejé lo que estaba haciendo y me dirigí hacia el reproductor más cercano

“Yo no soy Los Beatles, Paul no es Los Beatles. Los Beatles son Los Beatles. Por separado, están separados. Apreciamos cada día y también le tenemos miedo. Podría ser el último día”.

Al día siguiente acudí con mi profesor de Civismo y le conté acerca de mi descubrimiento. Claramente, él sabía más del tema y me dijo que se trataba de una de las bandas más importantes y representativas de los años sesenta. Su nombre: Los Beatles.

Fue así como tiempo después comencé a ponerme al corriente y escuché la discografía completa de aquel cuarteto de Liverpool que tanto había cautivado a mis oídos, pero sobre todo, mi manera de ver las cosas, pues fueron ellos quienes nos dijeron que la vida es un sueño y que nosotros, como soñadores, tenemos el poder de hacer que valga la pena.

Lennon se definió una vez como un pensador, interesado en el arte desde pequeño, pero nadie supo prestarle atención. Cuando sus maestros le preguntaban qué quería ser de grande, él respondía que artista. Sus profesores siempre le dijeron que buscará algo real como veterinario, médico o abogado, pero dentro de él sabía que no tomaría el camino que lo llevaría a la frustración.

John creía que el rock era vitalidad, que era real gracias a que sus raíces estaban en el blues, el rhythm and blues, el jazz y el country. “El rock es la combinación perfecta de la música negra con la blanca, por eso siempre tiene éxito”, decía el músico. “De todo lo que un muchacho de 15 años puede experimentar, lo que más lo marca es esta música”.

John Lennon no sólo era un buen músico y compositor, sino también un gran ser humano –aunque con sus defectos–. Es cierto que recibía críticas, incluso hubo quienes, tras su muerte, trataron de desacreditar el “mito de Lennon”. Pero a pesar de ello, para millones de personas de todas las edades el músico inglés simboliza un sentido de esperanza para el futuro.

Es así como después de 75 años de su nacimiento lo seguimos recordando, cantando cada uno de sus temas, mismos que se han convertido en himnos para muchos. John Lennon seguirá vivo en nuestras mentes y corazones siempre que nos detengamos a escucharlo e imaginemos un mundo viviendo la vida en paz.

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IndiRocks

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