Para muchos es un mito; para otros, una leyenda. Jeff Bezos quiere viajar al espacio, Jeff es el arquitecto de la nube donde la CIA guarda sus más oscuros secretos. En este adelanto editorial, José Luis de Haro nos introduce en la personalidad de este genio.

Jeff Bezos ha mirado cara a cara a la muerte. El 6 de marzo de 2003 a bordo de un Aerospatiale Gazelle y acompañado de su asistente, Elizabeth Korrell, sobrevolaba el vasto terreno al oeste de Texas. En aquella ocasión, en el aterrizaje se entrometió la rama de un cedro, que topó con una de las hélices y provocó que el helicóptero se partiera en dos. Tras caer en las aguas del río Calamity Creek, los ocupantes, ilesos, consiguieron pedir ayuda gracias a sus teléfonos móviles. “Tengo que reconocer que ningún sentimiento demasiado profundo pasó por mi cabeza en ese momento, salvo que era una de las maneras más tontas de morir”, afirmó Bezos […] posteriormente. […]

Pero ¿quién es Jeff Bezos? Es padre de familia, tiene cuatro hijos, de los cuales una niña es adoptada. Jeff es un esposo ejemplar, que ha sabido apoyar durante más de una década a su mujer, MacKenzie Bezos, una reconocida escritora en Estados Unidos, con dos novelas publicadas sin mediación de su multimillonario marido. Jeff, de hecho, es un hombre familiar, y pese a pagar una factura de 1.6 millones de dólares al año en seguridad, MacKenzie sigue llevando a los niños al colegio en su Honda escoltada por él mismo, a quien posteriormente deja en la base de operaciones de Amazon, en el corazón urbano de Seattle.

Jeff tiene en su poder la información de 200 millones de usuarios en Amazon.com, conoce cuáles son sus gustos y los míos a la hora de surcar las redes y ejercitar la tarjeta de crédito. Para Jeff, usted y yo, como clientes potenciales de su tienda, somos una prioridad absoluta. Jeff es vengativo, según algunos de sus enemigos. Jeff quiere viajar al espacio, Jeff es el arquitecto de la nube donde la CIA guarda sus más oscuros secretos, Jeff planea entregar paquetes a través de aviones no tripulados, Jeff ha creado una cultura agresiva y caníbal, Jeff es insustituible y un genio… o no.

Los que ayudaron a asentar los cimientos de Amazon consideran que el principal detonante que podría desmoronar a la minorista online es precisamente que Bezos es insustituible. […]

“Jeff ha tomado tanto control sobre todo lo que ocurre en la compañía que no está permitiendo que otras figuras dentro de Amazon puedan desarrollarse lo suficiente para poder sustituirlo el día de mañana”. Amazon es el fruto de la visión, creatividad y energía de Jeff Bezos hasta tal punto que, si […] éste desapareciera, la compañía seguiría adelante aunque “sin la creatividad y la visión de negocio que la ha caracterizado hasta ahora”, asegura un insider de la industria editorial.

Bezos tiene una manera única y peculiar de hacer las cosas. Aunque sus más leales soldados observan la forma de operar de su capitán y aprenden a marchas forzadas, de lo contrario saben que su futuro tiene los días contados.

“Amazon está tan idiosincrásicamente ligada a Bezos y su personalidad que la compañía se enfrentará a una transición dolorosa cuando llegue el momento”, afirman algunos de los que trabajaron con Jeff y MacKenzie en aquel garaje de Bellevue. Las teorías conspiratorias y las múltiples biografías que se han escrito sobre Bezos en Estados Unidos desvelan que, como ocurrió en su día con Steve Jobs, cofundador de Apple, el Consejo de Administración de Amazon también ha tratado de deshacerse de Bezos en más de una ocasión.

Cuenta la leyenda que el pulso tuvo lugar en 1999, poco después de que Jeff fuera nombrado persona del año por la revista Time. Las maneras controladoras de Bezos aterrorizaron a varios de los que se sentaban por aquel entonces en el consejo directivo de la minorista, que tacharon de “imprudente” el gasto de la compañía. Especialmente si tenemos en cuenta que, por aquel entonces, el caos reinaba en los almacenes de Amazon, que no sólo acumulaban más de 39 millones de dólares en juguetes no vendidos, sino que muchos de los empleados temporales que atendían los encargos estaban ebrios o habían consumido drogas. Si Bezos sobrevivió a esta maniobra es porque controlaba la mayor parte de las acciones de la compañía y porque finalmente los centros de distribución de Amazon se convirtieron en ejemplo indiscutible de la eficiencia.

Además de ser un hombre reservado, aunque con capacidad indiscutible de socializar en cualquier ambiente […], con una carcajada contagiosa, Jeff es celoso de todos y cada uno de los proyectos en los que Amazon trabaja. La lucha por las patentes está a la orden del día, entre ellas, destaca, la creación de un airbag que proteja un dispositivo electrónico antes de impactar contra el suelo. De hecho, incluso los propios empleados involucrados en distintos productos, como por ejemplo el Kindle, su lector electrónico cuya evolución ha culminado en tableta, no pueden hablar con otros colegas de distintos departamentos sobre los nuevos desarrollos que se llevan a cabo en el gadget por excelencia de Amazon.

Otra de las llagas dejadas por Bezos y compañía está centrada en el apartado fiscal. Durante la primera década de existencia de Amazon, ésta contaba con un valor añadido frente a las minoristas convencionales, ya que no debía cobrar impuestos sobre las ventas de sus productos a sus clientes. Al día de hoy, parece que los rifirrafes ejercidos por los grupos de presión, tanto en representación de Amazon como de sus más agresivos detractores, han conseguido que la empresa de Bezos se haya visto obligada a pasar la factura impositiva a sus usuarios en un total de diecinueve estados de los cincuenta que componen el país, aunque varios todavía están en lista de espera.

A muchos les sorprenderá saber que Bezos tiene una profunda relación con España, a través de su padre adoptivo, Miguel “Mike” Bezos. Su extrema curiosidad hizo que el fundador de Amazon se plantase un verano en Villafrechós, en Valladolid, con su familia y un grupo de escoltas para descubrir los orígenes de su apellido y degustar platos tradicionales de la tierra.

A través de las inversiones de Bezos y sus hermanos, esta organización ayuda a financiar y esponsorizar ambientes de aprendizaje rigurosos, intentando mejorar el sistema educativo, no sólo de Estados Unidos sino del resto del mundo. Para muchos, Bezos es un héroe. Para otros es un villano. Sin embargo, en esto del capitalismo moderno sólo sobrevive el más fuerte, y Jeff ha demostrado la suficiente capacidad para sortear los devenires más extremos.

Quizá el halo de misticismo, su carácter agresivo a la par que amable, lo han convertido en una figura casi mística o diabólica, según a quién se pregunte, pero no se puede negar su ingenio y su capacidad para innovar en los sistemas masivos de consumo e intentar entender a sus clientes hasta rozar la obsesión. […]

Un genio en pañales

Primero quiso ser arqueólogo[…] Más tarde astronauta, físico o ingeniero informático. A pesar del múltiple abanico de posibilidades y aspiraciones que le rondaban por la cabeza a Jeff Bezos […] siempre tuvo como referencia al vaquero que aún lleva dentro de adulto. “Creo que todavía hay algo de ello en mí”, ha afirmado el propio Bezos.

Uno de los legados que su abuelo materno, Lawrence Preston Gise, dejó en manos de su nieto cuando éste apenas levantaba un metro del suelo. Por aquel entonces, con cuatro años de edad, un chiquillo rubio con botas y sombrero de cowboy trasteaba por el inmenso rancho que los Preston poseen en Cotulla, Texas, escoltado siempre por Spike, el fiel perro de caza al que posteriormente hubo que amputarle la cola.

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Jackie, en la actualidad la matriarca del clan, demostró su valentía al pasar por la vicaría cuando todavía era una adolescente. En un momento donde una muchacha de diecisiete años embarazada necesitaba de un compañero masculino para no convertirse en la comidilla del lugar, la madre de Bezos no dudó en separarse de su progenitor biológico no mucho después de aquel 12 de enero de 1964, cuando dio a luz su primer retoño, Jeffrey Preston.

Jeff, curioso por naturaleza, nunca desarrolló interés alguno por contactar con aquel hombre que se esfumó rápidamente de su vida. “La única vez que este asunto sale a la luz es cuando acudo al médico y me preguntan por mi historial — ha reconocido Bezos en múltiples entrevistas—. Simplemente, digo que desconozco esa parte de mí”. Para Jeff su verdadera figura paterna es Miguel “Mike” Bezos. El hombre que lo crió desde que cumplió cuatro años y quien le entregó su apellido, cuya pronunciación en inglés equivale a la palabra “besos”. Mike consiguió abandonar Cuba allá por 1962 cuando apenas rondaba los diecisiete años gracias a la ayuda de la afamada misión católica, conocida como Operación Pedro Pan. Orquestada por el padre Bryan O. Walsh, dicha intervención se convirtió en uno de los rescates políticos más importantes de la historia. Desde su comienzo el 26 de diciembre de 1960, hasta su fin en octubre de 1962, alrededor de 14,000 niños y niñas cubanos de entre seis y diecisiete años fueron trasladados a tierras estadounidenses.

Cuando puso pie sobre territorio norteamericano, Miguel ni siquiera sabía chapurrear inglés, pero consiguió dominar la lengua al mismo tiempo que acudía a un instituto en Delaware, y encadenaba variopintos empleos que le permitieron continuar con su educación y licenciarse en la Universidad de Alburquerque, Nuevo México. Fue en uno de los turnos de noche como oficinista en un banco local donde conoció a Jackie. Pronto surgió el amor y ambos se casaron poco después.

Fuente:

Forbes

URL:

www.forbes.com/profile/jeffbezos/